Surgimiento de nuevas interpretaciones o visiones de la Historia en cuanto evolución de la Humanidad

El siglo XIX es crucial también para la evolución de la teoría de la Historia, por cuanto en él surgen, como ya dije, algunas nuevas grandes interpretaciones o visiones de la Historia, además de afirmarse la interpretación liberal que queda ya trazada en sus líneas esenciales en la obra clásica de F. Guizot Historia de la civilización en Europa desde la caída del Imperio Romano hasta la Revolución Francesa (1828-1830). Estoy pensando ante todo, en la interpretación hegeliana, la comtiana y la marxista, que -al igual que la liberal- prolongan y desarrollan, por vías diferentes, el racionalismo y el optimismo ilustrados.

La paradigmática interpretación hegeliana, una de las cuatro prototípicas analizadas en la lúcida síntesis de J. Ferrater Mora (1), es una grandiosa y sobrecogedora visión idealista y teleológica según la cual la Historia es ante todo la progresiva autoconciencia del Espíritu universal (el Weltgeist). Este Espíritu universal de los pueblos y de los individuos se sirve de ellos para sus propios fines mediante ardides, como una especie de Providencia inmanente. La interpretación dialéctica hegeliana, que tendrá una gran influencia y conecta con el Liberalismo en algún sentido en cuanto que la Historia es realización de valores, se distancia de él por su propensión estatista. En la lectura hegeliana de la Historia, la libertad individual queda bastante diluida ante el Estado.

El teleologismo de Hegel es compartido por la interpretación que hace de la Historia Comte, el padre de la Sociología y del Positivismo cientificista (2). La doctrina de Comte de los tres estadios en la evolución de la Humanidad (teológico, metafísico y positivo o científico) es célebre. Y tanto esta como su divisa políticosocial de orden y progreso influirían notablemente en el clima cultural de su tiempo, especialmente, pero no sólo, en Francia bajo el Segundo Imperio.

De hecho, la influencia de Comte en la práctica historiográfica posterior puede considerarse ambigua. Por una parte, los historiadores podían encontrar en él un alegato en favor de la importancia de obtener datos fiables. En ese sentido se tilda -o se tildaba- por parte de algunos a ciertos historiadores de “positivistas” porque permanecían muy pegados a los “datos” empíricos. (Algunos textos de Fustel de Coulanges sobre el aferramiento a los textos podrían aducirse en ese sentido). Por otra parte, sin embargo, Comte reivindicaba para la Sociología el protagonismo y la hegemonía sobre la Historia. Sólo la Sociología podía aspirar a descubrir las leyes que rigen la evolución de la Humanidad -se presuponía que la evolución seguida por Occidente era la que recorrerían después otras áreas culturales-, a partir de las informaciones, de los hechos suministrados por la Historia. Por tanto, Comte favorecía en cierto sentido el diálogo de la Historia con la Sociología, pero más bien el sometimiento de aquella a esta.

Marx (1818-1883) se ubica en la estela teleológica y dialéctica de Hegel y comparte, como la mayoría de sus coetáneos, el Cientificismo de Comte. Pero Marx se nutre también de la atmósfera revolucionaria, favorecida por las duras condiciones de vida del proletariado en la primera industrialización. Marx alumbrará una interpretación de la Historia acentuadamente materialista que es a la vez un gran proyecto radicalmente revolucionario, basado en la lucha de clases, no exento de mesianismo o de utopismo (3). Es cierto que, como afirma Kolakowski, no hay una sola afirmación sobre el Marxismo que no sea polémica. He aludido ahora a su discutida e influyente propuesta porque, aunque como corriente o tendencia historiográfica el Marxismo (o más bien los marxismos) haya que ubicarlos, por su difusión e influencia, ante todo en el siglo XX, el contexto histórico-cultural en el que surge y se explica la visión de la Historia de Marx es el siglo XIX.

 F. Sánchez Marcos

 

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(1) Ferrater Mora, José (1982). Cuatro visiones de la historia universal. San Agustín, Vico, Voltaire, Hegel. Madrid: Alianza Editorial.

(2) Comte, A. (1830-1852). Curso de filosofía positivista, 6 vols. A partir de la lección 47 Comte habla de sociología y/o física social y la define en la obra como «el estudio positivo del conjunto de leyes fundamentales propias de los fenómenos sociales».

(3) Marx, Karl H. (1987). El capital, vol. 1.